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Para 2035 el 47% de la población vivirá con hambre emocional y obesidad

  • 20 jul
  • 3 min de lectura

Por: Liliana Noble Alemán

@pulsosaludable


Especialistas médicos analizan los factores neurobiológicos y los tratamientos basados en fenotipos para el control del exceso de peso en adultos
Especialistas médicos analizan los factores neurobiológicos y los tratamientos basados en fenotipos para el control del exceso de peso en adultos

  • Trastornos por atracón, ansiedad y depresión actúan como detonantes cotidianos que alteran la biología humana.


CIUDAD DE MÉXICO A 20 DE JULIO, 2026. El panorama de la salud en México enfrenta un reto sin precedentes. De acuerdo con las proyecciones del Atlas Mundial de la Obesidad, cerca del 47% de los adultos en el país vivirá con esta condición para el año 2035. Esta cifra sitúa a la población nacional en una de las prevalencias más altas a nivel global, transformando la manera en que la medicina preventiva y terapéutica debe abordar las enfermedades crónicas no transmisibles.


Actualmente, las estadísticas oficiales de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) Continua 2020-2023, elaborada por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), señalan que el 37.1% de los adultos ya presenta esta condición. Al integrar los índices de sobrepeso, más del 75% de la población mayor de 20 años vive con exceso de peso, lo que demuestra la urgencia de entender variables críticas como el hambre emocional y obesidad.


Para desmantelar este ciclo, el Dr. Arya Sharma,profesor emérito y exdirector del Departamento de Investigación y Tratamiento de la Obesidad en la Universidad de Alberta, propone evaluar el origen del padecimiento a través de cuatro dimensiones fundamentales: la mecánica, la metabólica, la socioeconómica y la mental. Esta última destaca como el pilar más complejo, ya que abarca trastornos por atracón, ansiedad y depresión, los cuales actúan como detonantes cotidianos que alteran la biología humana.


La neurobiología del apetito y los fenotipos corporales

La respuesta biológica ante el estrés y la tristeza suele traducirse en una necesidad inconsciente de soporte. La Dra. Emma Chávez Manzanera, especialista en Endocrinología, explica que el impulso de comer se enciende cuando buscamos un 'apapacho' en momentos de vulnerabilidad. Esta urgencia por buscar alimentos altamente calóricos consolida un ciclo complejo donde el cerebro busca regular las emociones a través de la comida, confundiendo el hambre real con el apetito.


Desde la perspectiva del sistema nervioso, estos mecanismos no dependen de la disciplina personal. El Dr. Héctor Esquivias, especialista en Psiquiatría y Obesidad, señala que lo que socialmente se juzga como 'falta de voluntad' es, en realidad, una alteración neurobiológica localizada en el sistema de recompensa, el cual es regulado por neurotransmisores como la dopamina y la serotonina. La exposición constante a ciertos alimentos adormece los receptores del placer, obligando al individuo a comer con mayor frecuencia para obtener bienestar.


Para contrarrestar esto, las guías médicas modernas clasifican a los pacientes en cuatro fenotipos específicos:

  • Cerebro Hambriento: Dificultad extrema para alcanzar la saciedad durante la comida.

  • Intestino Hambriento: Digestión acelerada que reactiva el hambre fisiológica a las pocas horas.

  • Comedor Emocional: Uso de la comida como refugio ante la ansiedad o el cansancio.

  • Bajo Gasto Energético: Metabolismo lento que dificulta la pérdida de peso a pesar de restricciones calóricas.


La combinación de estos perfiles exige que la práctica clínica evolucione hacia una estrategia de cinco pasos de control respetuoso. Al respecto, los profesionales concluyen que con esta estrategia, se redefine el objetivo del tratamiento, garantizando un acompañamiento continuo y metas realistas que mejoren de forma integral la calidad de vida de cada paciente.

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