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¿Por qué el estrés induce al consumo involuntario de comida en el día a día?

  • 23 jul
  • 3 min de lectura

Por: Liliana Noble Alemán

@pulsosaludable


la intervención clínica multidisciplinaria debe abordar de forma integral tanto la bioquímica cerebral como la función ejecutiva de la corteza prefrontal para lograr resultados sostenibles en el tiempo.
la intervención clínica multidisciplinaria debe abordar de forma integral tanto la bioquímica cerebral como la función ejecutiva de la corteza prefrontal para lograr resultados sostenibles en el tiempo.

CIUDAD DE MÉXICO A 23 DE JULIO, 2026. Durante una destacada intervención médica académica en el Foro "Perspectiva Internacional en Obesidad", el Dr. Héctor Valentín Esquivias, psiquiatra adscrito a la clínica de obesidad y control del peso del Hospital General Dr. Manuel Gea González y coautor de la Guía Mexicana para el Manejo de la Obesidad, expuso de manera puntual los aspectos neurobiológicos que condicionan la relación entre las emociones humanas y la ingesta calórica no regulada. El especialista enfatizó que el manejo de las alteraciones de peso requiere una mirada profunda hacia las estructuras cerebrales que coordinan la respuesta al estrés y a los estímulos del entorno.


De acuerdo con el especialista del Hospital General Dr. Manuel Gea González, la alimentación emocional constituye un pilar fundamental en la comprensión de los desórdenes metabólicos severos. Las investigaciones epidemiológicas señalan que las proyecciones para el año 2035 estiman que un 47% de la población del país podría presentar índices elevados de masa corporal si no se revierten las tendencias actuales, lo que representaría un impacto fiscal del 3% en el Producto Interno Bruto (PIB). Asimismo, la evidencia internacional demuestra que la presencia de un índice de masa corporal de segundo grado incrementa sustancialmente en un 30% el riesgo relativo de presentar trastornos depresivos y en un 40% el riesgo de desarrollar trastornos de ansiedad en la población general.


En la explicación técnica del fenómeno, se detalló que la alimentación emocional abarca mecanismos fisiológicos complejos que van más allá del simple control hipotalámico del apetito en el núcleo paraventricular. Mientras que el sistema hipotalámico regula las señales orexigénicas y anorexigénicas, existe un circuito mesolímbico de la recompensa en el que intervienen neurotransmisores como la dopamina, la serotonina, la norepinefrina y el GABA.


Ante ello, el Dr. Héctor Valentín Esquivias expuso que la interacción entre el área tegmental ventral, la amígdala y el núcleo accumbens forma un sistema reactivo de recompensa que responde a estímulos placenteros, generando comportamientos compulsivos de búsqueda del alimento que imitan en su dinámica a otras dependencias biológicas.


En contraposición al sistema reactivo de recompensa, la corteza prefrontal ejerce un papel reflexivo de regulación que busca evaluar y contener las decisiones emocionales. Sin embargo, cuando el estímulo del entorno sobrepasa la capacidad de regulación ejecutiva, la persona cede ante el impulso.


El coautor de la Guía Mexicana para el Manejo de la Obesidad citó expresiones frecuentes recopiladas en la consulta clínica, como “la comida me da abrazos”, frase que resume la búsqueda inconsciente de alivio afectivo mediante los nutrientes. La falta de equilibrio entre la regulación prefrontal y los circuitos subcorticales invalida la noción errónea de que el control de peso depende únicamente de la voluntad personal.


A través de la revisión de casos clínicos de pacientes adultos con antecedentes de tabaquismo, estrés académico, trastorno por atracón, TDAH o estados depresivos persistentes, el Dr. Héctor Valentín Esquivias ilustró cómo la restricción física o quirúrgica por sí sola no logra extinguir la necesidad emocional subyacente. Pacientes sometidos a cirugías bariátricas o en regímenes nutricionales estrictos suelen experimentar frustración severa cuando la capacidad gástrica se reduce pero el impulso central permanece intacto, llegando a manifestar declaraciones como “como ya no puedo comer me siento ansioso” o aceptando con resignación “me refugio en el alimento”. Estas evidencias reafirman que la intervención clínica multidisciplinaria debe abordar de forma integral tanto la bioquímica cerebral como la función ejecutiva de la corteza prefrontal para lograr resultados sostenibles en el tiempo.

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